
"Todos los días cuando empezaba a oscurecer salía a la calle, caminaba un largo rato y luego entraba a un edificio viejo, con olor a cigarro y recuerdos, se sentaba cerca de la barra, nunca pedía nada. Cuendo el viejo lo veía entrar se acercaba a su vieja vitrola y ponía un disco de tango, él se quedaba por horas escuchando el disco, debés en cuando el viejo le daba un poco de leche, al fin y alcabo, a exepción de un par de borrachos él era su única compañía, el viejo le hablaba y el gato lo escuchaba, tenían un gran lazo en el silencio, dependían del otro sin dependerlo.
Luego cuando llegaba la hora de cerrar el gato marchaba junto al viejo hasta su casa, se acostaban y dormían, ambos tenían algo en común, ambos amaban el tango.